La aprobación por dos tercios del Senado del acuerdo con los fondos buitre anuncia un nuevo ciclo de endeudamiento externo, una hipoteca para el futuro. Se terminó haciendo lo que el Juez neoyorquino Thomas Griesa dijo: contraer una deuda exorbitante para pagarle. Pareciera que esto empezó hace semanas con la derogación de las leyes del pago soberano y cerrojo o cuando ocurrió el embargo de la Fragata Libertad en Ghana y no fue así. Esto viene desde el año 2005 con la reestructuración de la deuda externa, deuda contraída desde el gobierno de Bernardino Rivadavia. Néstor Kirchner logró acordar con un 92,7% de los acreedores que ingresaron al canje, el resto del porcentaje para llegar al 100% eran bonos basura que son los que hoy pagamos.

La aprobación al pago a los fondos buitres no sólo es una condena económica grave. Es también una crisis de representación política. Producto de la deslealtad de aquellos que llegaron a sus bancas por medio del FpV y ahora conforman un bloque al margen o simplemente votan a favor de las propuestas oficialistas. Causando naturalmente un desencanto social hacía sus representantes.

La foto fue 165 a 86 en Diputados y 54 a 16 en el Senado, el país es dueña de una embestida de la hegemonía neoliberal, provocando un retroceso en casilleros de los pasos que durante más de una década se recuperaron.

No hay frenos en el mundo ante los fondos buitres, ante los bancos insaciables que en condiciones penosas y deplorables de la Argentina compraron bonos a precio “ganga”. Por eso la pregunta que nos atraviesa es: ¿cómo volveremos? ¿Cómo seremos aquello que alguna vez fuimos? Esa Argentina de la justicia social, de los derechos, de la posibilidad de reconstruir una nueva identidad nacional que en el mapa hemos perdido, de poder enderezar la flecha epistémica social.

La votación en ambas Cámaras, Senado y Diputados es la vuelta al corporativismo político de los noventa, del político defensor de sus propios intereses. Una práctica ya conocida y de un pasado bastante fresco de nuestra historia. La ecuación siempre cierra cuando es el pueblo el que no gobierna, dando así resultados como el descreimiento de la política como herramienta de transformación, es decir, la despolitización, algo que fue tendencia y figurita repetida, pero que asecha en volver.

La Cámara de Senadores y Diputados, representándose a sí mismos, pusieron punto final a una largar discusión histórica. Los tiempos de vértigo y vacío pueden pasar… pero nuestra memoria no olvida…

ESTO FUE LA LÍNEA EDITORIAL DE REC (Radio Estudiantil Comunitaria) PENSADA POR LA COMISIÓN DE RADIO. PORQUE EN ESTE MES DE MARZO TENEMOS MUCHO POR DECIR...