En este mes de mayo resulta inevitable hacer hincapié en el Día Internacional del Trabajo. La clase trabajadora y las múltiples miradas que en ella se proyectan talvez sea una marca de época. Durante la historia moderna todas las corrientes y todos los gobiernos han construido una idea de trabajador, de trabajo. El anarquismo y las izquierdas de principios de siglo aglutinaron a gran parte de los trabajadores; luego el peronismo supo interpretar e interpelarlos: interpretarlos en sus demandas, normalizando la jornada laboral a 8:00hs, extendiendo significativamente la seguridad social, vacaciones, aguinaldos y jubilaciones, interpelándolos desde la organización, las agrupaciones sindicales en este período crecen exponencialmente. El modelo de trabajador peronista, tanto en sus conquistas como en sus formas fue tan formidablemente penetrante que persiste en nuestros días como ideología identitaria en buena parte del movimiento obrero. Salvo interrumpida por las dictaduras, quienes decidieron a pedido de las cúpulas eclesiásticas y los sectores acomodados de la sociedad civil, ubicar a “la familia” como elemento central de la sociedad argentina y que dicho sea de paso se encargaron de torturar y desaparecer en mayor medida a trabajadores por sus posiciones políticas, la clase obrera siempre ocupó un lugar central en la escena del país. Cabe preguntarse ahora ¿qué imagen le tiene reservada este nuevo gobierno a la clase obrera? ¿Cuál será la construcción del trabajador PRO?

Para empezar pareciera que es un movimiento que debe acomodarse a las leyes del mercado que ahora se revelan como naturales. Este gobierno nos propone la idea de que nada puede hacer para sostener el empleo frente a los despidos en el sector privado, que son invisibilizados con la complicidad de los grandes medios que te ocultan la dimensión del ajuste, por el contrario propone intervenir lo menos posibles para dar paso a las fuerzas productivas del mercado.

Por otra parte hay un intento de disciplinamiento, los despidos masivos en el Estado, que aunque no resisten el menor análisis, persisten en establecer la lógica del ñoqui para justificarlos y para disciplinar a quienes quedan en sus puestos de trabajo. Por último sólo pueden dar o mejor dicho vender su fuerza de trabajo. Este gobierno les tiene reservado ese lugar, nada tienen que pensar, nada tienen para aportar pues en el proyecto de país que se viene... las decisiones las toman otros.