FOTO: M.A.F.I.A.

¿Qué nos dijeron del 12 de octubre? ¿Cuánto nos ha marcado esos diferentes significados de la fecha? Desde el día de la raza; pasando por el último día de la libertad; el choque entre dos culturas; hasta lo más reciente que es la celebración del día de la diversidad cultural. Pero... ¿cómo pensar esta fecha hoy en este contexto de avasallamiento contra los pueblos originarios?

Cuando pensamos en el 12 de octubre durante muchos años, para aquellos que no somos tan jóvenes nos hablaron del “el día de la raza”, término que fue abolido por las Naciones Unidas en 1959, debido a la falta de valor científico y al cultivo del odio entre las distintas culturas. Hoy, esa segmentación vuelve a instalarse en el discurso dominante de nuestra época.

Esta linda historia que nos contaban en nuestra época escolar, de civilizados tratando de civilizar a los incivilizados, con el transcurso del tiempo fue cambiando y fue apareciendo el concepto de multiculturalidad, una manera en que diversas culturas se encuentran, en una nueva identidad cultural que logra amalgamarlas. Estas versiones, sin embargo, que se fueron repitiendo en la historia oficial, sólo dieron lugar a difundir la otra historia, una historia de codicia, poder y exterminio. Hoy a más de 520 años la conquista sigue, y aquel capital sediento de oro y plata sigue tan presente como en aquellos años. Vuelve en clave del siglo XXI a conquistar derechos adquiridos, vuelve con la impunidad de la violencia represiva del Estado, vuelve en búsqueda de los territorios ancestrales, vuelve con el poder de dominación de unos sectores sobre otros.

Aquellos políticos, notables y genocidas, integrantes de la denominada generación del 80 que mostraban su desprecio y racismo con expresiones como “Raza estéril”, “Enjambre de hienas” o “Gusanos” para calificar a los pueblos originarios, alentó el genocidio y las conquistas de tierras que fueron repartidas en pocas manos.

Hoy ha pasado mucho tiempo y aquellas miradas utiliza otros tipos de adjetivos despectivos para referirse a ellos: “Indios, roñosos, mapu, vagos”. Aquellos terratenientes que ansiaban ampliar sus territorios para un modelo de acumulación que los beneficiaba, hoy regresan con descendientes de su árbol genealógico tomando nuevamente el poder, y con la misma sed de ampliar sus negocios y sus vínculos con el capital extranjero.

Ayer, se construía un Estado en donde quienes lo organizaban propiciaban un lugar de excelencia para ciertos sectores; un estado que bajo la máscara de una democracia restrictiva buscaba un espejo en las sociedades más desarrolladas de le Europa de aquellos años. Hoy, el Estado vuelve a ser un territorio de negocios para unas pocas familias que entretejen relaciones con inversores extranjeros, que buscan obtener altas ganancias con muy bajo costo de inversión.

La conquista sigue. Y sigue la lucha desigual de los mapuches contra el emporio Benetton, dueño de 900.000 hectáreas en la Patagonia. En este territorio en el que entrarían varios estados europeos, no les alcanza y deciden quitarle la poca tierra que les quedó a nuestros habitantes originarios. Hoy se vuelve a construir una otredad que no percibe al semejante como igual, sino como alguien diferente, que no forma parte de nuestra comunidad. A ese otro que no se le permite una vida digna porque en esta sociedad líquida la incertidumbre plantó bandera...

Uno de los tantos ejemplos de hoy, son los pueblos originarios quienes siempre estuvieron en tensión con los gobiernos nacionales y provinciales y sufrieron episodios de represión y desalojos. Desde diciembre de 2015 estos episodios recrudecieron, y, puntualmente, los mapuches en la Patagonia, son emparentados con el terrorismo, tanto por los empresarios rurales como por diferentes dirigentes políticos. Los mapuches son vistos como un otro que se aleja del sujeto obediente con creatividad para su supervivencia y receptor de un bombardeo mediático que convierte la mentira en una verdad absoluta y sin poder ser refutada.

En estos días el 12 de octubre no nos es indiferente por la situación que atraviesa el pueblo mapuche y por la desaparición forzada de Santiago Maldonado. La codicia volvió en su máxima expresión y los negocios inmobiliarios están haciendo de las suyas. Y, como si esto fuera poco, vuelven sectores de las fuerzas de seguridad desbocadas de violencia estatal que no tiene reparos en la construcción del miedo para aquellos que osan desafiarlos.

Ese miedo paralizante, que busca detener la protesta, ese miedo paralizante que se construye en los sindicatos, en las escuelas, en la calle es Santiago Maldonado, entendemos que no es ingenuo que sea un joven, el cual a pesar de los distintos reclamos internacionales, como de diferentes organismos de derechos humanos de nuestro país, aún continúa desaparecido.

Desde REC nos seguimos preguntando ¿Dónde está Santiago? Porque la búsqueda de Santiago Maldonado puede ser el inicio de un despertar ante todos los atropellos que gran parte de la sociedad viene acumulando diariamente. Parafraseando a Alejandro Kaufman, quienes hemos soñado otros mundos, el hecho de que nos debamos resignar a que el pensamiento de los derechos humanos constituya nuestro horizonte ético es una consecuencia de la derrota de la imaginación utópica. Las Madres desbordan el campo de lo posible. Ellas lo saben y lo dicen: no hay ética ni legitimidad compatibles con la existencia de los ejércitos modernos. Ellas como todos quienes se vienen manifestando pueden construir un nuevo sujeto político que interpele estas nuevas formas de conquista en pleno siglo XXI.