Desde REC (Radio Estudiantil Comunitaria) en este mes más que nunca tenemos algo que decir: la partida, el 25 de noviembre, de Fidel Castro Ruz, el líder cubano que inspiró a los movimientos populares de nuestra América, abre la puerta para echar una mirada al mundo.

Hugo Soriani lo recordaba en estas líneas:

"Cuando se festejaba en Cuba el 25 aniversario de la Revolución, la isla se vistió de fiesta para recibir delegaciones de todo el mundo, que más allá de sus diferentes definiciones políticas, se acercaban a saludar la gesta de ese pueblo sufrido, pero de un heroísmo que reconocían hasta sus enemigos más poderosos.

El Presidente de un país amigo se acercó a Fidel con un regalo algo extraño. Una tortuga gigante, típica de la región que representaba.

Él, sorprendido, miró el obsequio. Lo miró y miró durante un rato largo. Acarició su caparazón y se rió cuando el enorme animal escondió la cabeza, asustada, entre sus pliegues. De pronto, observando al Presidente que había traído el regalo, le preguntó:

– ¿Dime, cuánto tiempo viven estos bichos?

–No se preocupe Comandante –respondió el invitado–, son muy longevas, suelen vivir cerca de 120 años.

–Me lo imaginaba –respondió Fidel–, y no te ofendas pero llévatela, porque ese es justamente el problema. Uno se encariña, y ellas después se mueren."

¿Qué era lo inmortal de este hombre? ¿Era su muerte a la cual no se resignaba? Nos gusta pensar que no. Nos gusta creer que era su obstinación, su obsesión. Seguramente tenía que ver con ese bloqueo y no el que llevan adelante desde hace décadas EE UU, “la tierra de la libertad”, sino con esa barrera cultural que se nos impone permanentemente, que pretende hacernos creer que un sólo mundo es posible. Ahí está Cuba, para refutarlo del modo más contundente, ahí siempre quiso estar Fidel, dando la batalla, la más larga, la última...

En ésta, no estuvo solo, tal vez eso renovó sus ánimos. Un puñado de jóvenes líderes comenzaban a asomar como una posibilidad, un nuevo frente de disputa, su habitual sentido de la oportunidad, el que caracteriza a los combatientes, así lo percibió.

Un joven Chavez hizo punta y trabó relación rápidamente, el uniforme ayudó pero ayudó más esa mirada regional, continental, la de Bolívar, Martí, San Martín y lo sucedieron Néstor Kirchner, Lula, Evo, Cristina, Dilma, Correa. El no al ALCA, en la Mar del Plata de 2006 fue la primera pulseada.

Fidel luego de cincuenta años de revolución era capaz de ver en esos jóvenes dirigentes un camino más. Él, quien fuera el principal responsable de poner en marcha el socialismo real en una isla del Caribe devastada por el saqueo de la principal potencia económica y militar ubicada a sólo noventa millas, veía en esos gobiernos surgidos del voto popular una nueva herramienta para construir una contrahegemonía a escala continental, aunque buena parte de la izquierda argentina no lo compartiera. Tal vez a eso se acostumbra un espíritu revolucionario, a no dar por perdida ninguna batalla ¿no es otra cosa que no descartar ningún camino? organismos como la Celac fueron parte de ese proyecto de integración política y económica.

Los presidentes conservadores repuestos en Paraguay, Argentina, Brasil, etc. por las oligarquías locales intentan instalar la idea de cambio de época, veremos si lo logran. El calibre de Fidel como estadista que lleva casi 60 años en la escena política global, contrastan seriamente con las de un Mauricio Macri que sólo es capaz de balbucear torpemente un manojo de frases de sobrecito de azúcar. La historia nuevamente nos pone a prueba. ¿La tarea? la reconstrucción de un liderazgo regional.

Si algo tiene el pragmatismo revolucionario a la cubana es su capacidad de abrirse paso ante las dificultades, después de todo lo viene haciendo hace casi 60 años, y también lo sabemos nosotros como escuelas de gestión social, como radio comunitaria. Lo que vendrá nos tendrá que encontrar en alerta, con la sensibilidad, con el oportunismo bien entendido, no el de los sanguchitos… Para seguir construyendo la revolución, la que comenzó Haití que es también la de Cuba, y es también la nuestra.