Pensar Julio en REC no puede ser pensado sin referirnos al Bicentenario de nuestra Independencia. Hace 200 años comenzábamos a romper el lazo colonial. De alguna manera, empezábamos a pensarnos independientes desde el plano político, pues dejábamos atrás un sistema monárquico para comenzar un nuevo recorrido de idas y vueltas, buscando un modelo de país más justo, inclusivo y soberano en la toma de todas sus decisiones.

Pero a 200 años de aquel acontecimiento que completó la democratización que se comenzó a forjar 6 años antes en mayo de 1810, no se pudo lograr desde lo económico esa autonomía que se lograba desde lo político. La idea de independencia que comienza a construirse subjetivamente desde lo individual, propio de una corriente ideológica como fue el liberalismo, era parte de la modernidad capitalista que buscaba imponer condiciones desde lo económico.

Les proponemos un pequeño repaso.

Esto, nosotros como país lo conocemos muy bien, el primer hito de una independencia inconclusa fue el empréstito Baring, contraído por Bernardino Rivadavia el cual se terminó de pagar en 1947, unos 120 años después. Fue en esta misma línea la formación de un Estado Nación que a través de la idea de ser el granero del mundo, dio nacimiento a un modelo de acumulación netamente exportador, que benefició a las clases acomodadas de aquellos tiempos y a los inversores extranjeros socios de las mismas. Dentro de este proyecto surge el segundo hito de endeudamiento y de alguna manera una independencia trunca, con este objetivo se persiguió y exterminó a los pueblos originarios en las tierras más fértiles de nuestro país las cuales fueron repartidas por el Estado de aquel entonces. Una anécdota: una de las familias que por finales del siglo XIX se hacía poseedora de tierras a costos irrisorios era la familia Martínez de hoz ¿te suena?

Entrado en el siglo XX y luego del primer golpe militar en nuestro país, los sectores económicos cercanos a los interese extranjeros en nuestro país volvieron a instalar a la independencia como una esperanza inalcanzable. Fue el pacto Roca – Ruciman que siguió permitiendo la acción extorsiva de un monopolio extranjero, bajo la complicidad de un gobierno que unas veces dejó hacer y otras le protegió directamente sus intereses.

Fue el primer Peronismo quien canceló en ese momento toda la deuda externa, esto le permitió declarar con toda solemnidad la ‘independencia económica’ en la Casa de Tucumán. Así quedaban clausurados simultáneamente los dos grandes ciclos anteriores de endeudamiento: el de la Baring y el de la Generación del 80. Pero casi de inmediato, el Estado argentino reinició la acumulación de deuda externa, aunque en un comienzo por montos pequeños.

Pero un tercer ciclo de intenso endeudamiento sólo se iniciará en 1976, para desembocar en la crisis de 1982 y en la firma del Plan Brady diez años después, que no resolvió el problema estructural de la deuda, agravado luego por el nuevo ciclo Menem-Cavallo-Roque Fernández-Cavallo, que condujo a la catástrofe de 2001.

Del 2003 en adelante y durante 12 años se volvió a buscar el desendeudamiento, la posibilidad de decidir por nosotros mismos, es decir, el poder de decisión en el plano económico que de alguna manera pueda disponer de los destinos de la Patria, sin seguir los programas de ajuste que se proponían desde el exterior. Es importante aclarar que este nuevo período se dio también bajo la órbita de un sistema capitalista que en ningún momento declinó, pero que con distintas medidas se intentó agujerear buscando una redistribución más justa de los ingresos.

Hoy en el 2016, como parte de lo que pareciera ser el cuarto período de endeudamiento de nuestro país, la independencia vuelve a estar entre las cuerdas. El pago a los fondos buitres, las nuevas relaciones con los fondos internacionales de préstamos, la flexibilización por decreto de los controles dispuestos por la Ley de Tierras Rurales para la venta de propiedades a extranjeros y las facilidades para la entrada de capitales extranjeros, que entran con la idea de generar rápidamente ganancias exorbitantes por las altas tasas bancarias y que velozmente envían esas ganancias fuera del país o crean sociedades offshore para llevarse lo ganado fuera del país sin dar cuenta de ello.

Es por eso que creemos que esa idea de independencia todavía sigue en construcción, de alguna manera la idea de Independencia estuvo siempre en contraposición a la Modernidad, pues ésta es capitalista, individualista, neo colonizadora. Sin una independencia económica no es posible una independencia real. Estamos convencidos que es imprescindible no caer en este cuarto período de endeudamiento que como sociedad, como pueblo, sabemos quiénes son los que terminan pagando esos endeudamientos y no sólo desde los perjuicios económicos para estos sectores sino muchas veces con la vida.

Hoy mantenemos como radio comunitaria la idea de una independencia no concluida y por eso es indispensable que la construcción de la misma, pueda darse de manera colectiva y en el marco de modelo de país que instale derechos, que genere una justicia creíble y no mediática, una justicia social que no se quede en simple slogan de pobreza cero y un devenir económico que frene las transferencias de capitales de los sectores de menores recursos a los sectores de mayor poder económico.

En tiempos en donde el sol se escondió del logo del bicentenario, seguimos encendiendo el calor de nuestras voces buscando defender nuestro derecho a la comunicación.