El 16 de Septiembre a cuarenta años de la Noche de los Lápices, organizaciones estudiantiles, de Derechos Humanos, políticas y sociales marcharon en todo el país en conmemoración de los diez estudiantes secuestrados y torturados, seis de ellos aún desaparecidos por la dictadura cívico militar.

En la Ciudad de La Plata y desde el Palacio Pizzurno, Ministerio de Educación, a Plaza de Mayo se desarrolló la marcha en Buenos Aires. La convocatoria también incluyó el juicio y castigo a los responsables de la segunda desaparición de López. Además se hicieron reclamos por la situación presupuestaria de la Universidades Nacional y las condiciones edilicias de las escuelas públicas de Capital Federal.

Si hay algo popular que ha conseguido el Macrismo es volver a reactivar el reclamo del movimiento social.

La ausencia mediática primó en los dos puntos de convocatoria, los cuales no tuvieron la cobertura necesaria ni merecida, la agenda periodística apremió otras cuestiones, lo del carnicero de Zárate que persiguió y mató al ladrón, copó todo.

Aun así, el aporte que empiezan a hacer los movimientos estudiantiles tiene que ver con romper esa barrera de lo posible. Resulta jodido y contraproducente tratar de trazar una continuidad de esa juventud de los 70´´con la actual, porque en el medio hay treinta años de democracia, de idas y vueltas sobre la militancia política, de desconfianzas y vueltas de confianzas. No obstante a cuarenta años, los lápices siguen escribiendo.

No podemos adjudicarle a la juventud simplemente ideas o energías propias. Hay quienes se motivan más y otros que se motivan menos. Y eso demuestra que esto no se trata de una mera cuestión etaria. Si no que tiene que ver con seguir siempre y seguir siempre rompiendo la barrera de lo posible, nada se puede hacer bajo esa medida, tenemos que ir, participar en esos espacios que consideramos de militancia e impulsar transformaciones.