Hay verdades que se pueden enunciar de varias maneras y hay otras verdades que se dicen de un sólo modo. Lo cierto es que el andar de este modelo de país agitó una desenfrenada transferencia de recursos económicos. A la vistas y claras esas maniobras se traducen hoy en el aumento del costo de vida, vivir hoy significa un costo.

Estos cambios del país puestos en marcha de forma progresiva, significó en sus múltiples medidas políticas y económicas, en diferentes áreas, el detrimento de lo social. Los métodos para legitimar estas decisiones fueron por medio de avances y retrocesos, un tanteo social acerca de la eficacia de ese paquete de cambios.

El lenguaje político en varias ocasiones se hizo eco de jergas vulgares y arrasadoras, vacías de cualquier tipo de acción crítica y reflexiva, los hits podrían ser varios, pero la carta de presentación del entonces ministro de educación como gerente de recursos humanos, no dio lugar a la imaginación.

El aparato ideológico fue instalado en ese sentido, en la banalidad del discurso, esos pronunciamientos que pronosticaban que para lograr un país mejor sólo se necesitaba mucha confianza y tiempo. No resultó así. Esos postulados fueron interpelados en diversas calles movilizadas que repudiaron varias acciones políticas y económicas. El hoy demuestra que cuando estas experiencias notan que el aparato ideológico no alcanza, el aparato represivo toma las riendas con más intensidad.

Las medidas instrumentadas en dos años de gestión evidenciaron la ausencia de sensibilidad social, en otras palabras, la conformación de un sistema liberal republicano que sostiene que los únicos derechos son individuales y mercantilizados

La crisis de los partidos tradicionales, la construcción de una retórica política sostenida en expresiones como que el pueblo puede votar “contra sus intereses”. Como señala el sociólogo Horacio González “No hay relación de antemano entre la situación social y las creencias políticas. Sin ese desacuerdo no existe lo político, que siempre es un desajuste entre lo que realmente somos y lo que efectivamente hacemos.

En verdad, siempre existe lo que un sector podría aceptar como supuestos intereses predeterminados y lo que luego realmente se hace con ellos. De allí que la política consista también en rehacer continuamente la noción de pueblo, esto es, la máxima cercanía entre las condiciones de existencia y los recursos más emancipados del pensar. En tal sentido, el “pueblo” piensa tanto la carencia como la abundancia del mismo modo, construyendo en este acto reflexivo, su propia entidad como conjunto activo y crítico”.

El panorama actual nos demuestra frente a nuestros ojos que las mayorías son heterogéneas y contradictorias entre sí. La tarea consiste en alejar esos relatos individuales y lograr reconstruir un ideal popular con conceptos colectivos y de interés soberanos y emancipatorios. Porque siempre, como sostenía el poeta “allí donde crece el peligro también crece lo que salva”