Pensar este mes de Junio en REC , es pensarlo inmerso en la realidad social que nos toca atravesar como medio de comunicación comunitario y autogestivo.

En estos tiempos el concepto de meritocracia se impone junto a una serie de medidas que repercuten en nuestra comunidad. Hoy, el discurso del gobierno se basa en el mérito, donde las posiciones jerárquicas son conquistadas sólo por el esfuerzo individual. También las construcciones sociales se piensan desde el esfuerzo individual en contraposición a lo que venimos intentando construir desde hace muchos años en nuestra comunidad: el trabajo y el esfuerzo colectivo.

Y cuando se habla de meritocracia, no podemos dejar de pensarlo desde la educación. Este concepto estuvo asociado a la capacidad individual o al espíritu competitivo, que persiguió la excelencia educativa. A su vez, esta idea buscó la llegada de algunos al final del camino, mientras otros dejaban, abandonaban o, lo que es peor… les hicieron creer que su destino no era la Escuela.

El proyecto educativo de los últimos años provocó un cambio de paradigma que entendía a la Educación como un Derecho. Esta manera de entenderla, ayudó a construir un nuevo sujeto adolescente que llegó a pensar que el Nivel Secundario comenzaba a ser un puente con las diferentes Universidades que se iban creando.

Es por eso que seguimos pensando que la educación debe seguir siendo un punto importante en las transformaciones sociales. Porque ya conocemos los discursos de la falsa idea de igualdad de oportunidades y el componente ideológico que posee el concepto de meritocracia que pretenden, de alguna manera, volver a imponer en el plano educativo ciertas ideas que muchos de nosotros atravesamos tanto como estudiantes como docentes y como familias en la década del 90.

De alguna manera, esta concepción se traslada también al plano social, sobre todo cuando varios funcionarios hablan sobre el merecimiento de algunos que llegaron a un lugar destacado dentro de la pirámide social y el lugar que les toca a los otros, a las mayorías populares.

No queremos una sociedad que provoque una división tan marcada entre los distintos actores sociales. Porque tenemos memoria y los ciclos históricos parecen volver a repetirse y lamentablemente sabemos cómo terminan este tipo de políticas sociales. Seguimos sosteniendo una sociedad en la cual todos tengan las mismas oportunidades y para que se dé esto, es necesario un Estado presente y que intervenga en medidas que promuevan acortar esas diferencias.

Continuamos apostando a las prácticas democráticas, porque a pesar de sus imperfecciones, son superadoras de las prácticas meritocráticas. En tiempos de individualismo, de únicos caminos, y de túneles que nos anuncian la luz al final, aunque no sepamos cuántos llegaremos a ese final, seguimos convencidos de que las construcciones colectivas son las únicas que pueden superar aquellas que buscan disciplinar a los sectores populares y por sobre todo las únicas que lograron generar movimientos transformadores que piensen en sociedades menos meritocráticas y más justas.