Quienes marchamos a la Plaza de Mayo como lo hicimos nosotros como Comunidad Educativa “Creciendo Juntos” y REC (Radio Estudiantil Comunitaria), a veces, no logramos percibir “cuán groso” es lo que ocurre. Las secuencias de fotos de esta marcha nos quedarán cargadas en la retina por emociones e historias compartidas... porque fue el impulso que provocó los cien días de la gestión Macri... la llegada de Barack Obama... y los 40 años del golpe... todo ese conjunto definió la escena.

El 24 de marzo seguirá siendo, ahora y siempre, lo que marque la agenda de la sociedad Argentina, principalmente, sobre el rol del Estado y la amplitud de derechos que el mismo debe consagrar. Los 24 de Marzo lograron conformar una identidad alejada estrictamente de lo partidario, de hecho, en esta marcha se evidenció a diversas centrales trabajadoras, diferentes partidos políticos, organizaciones sociales, culturales, barriales, familias enteras, mucha juventud que ocuparon la calle, ese espacio público que reivindica el ejercicio democrático militante que sobrepasa los protagonismos.

En el aire se respiró una distancia con el Macrismo y una asociación inevitable: el Presidente representa a la dictadura, debido a las prácticas que en estos cien días implementó, precisamente en la construcción de una democracia excluyente y el retiro voluntario del Estado (despidos a rolete, inflación sin tope, recortes y tarifazos). A esto se le suma las llegadas de las visitas de François Hollande (Presidente de Francia) y de Barack Obama (Presidente de EEUU) lo cual provocó que Mauricio Macri deba recibir a organismos de Derechos Humanos dos días antes de la llegada del Presidente francés y a participar de visitas en Centros Clandestinos de Detención, hoy convertidos en Espacios para la Memoria, como antes no lo había hecho. Lo recién mencionado resalta el desinterés del Presidente por los DDHH una asignatura de la cual Argentina es ejemplo a nivel mundial, sin embargo no sólo eso ocurrió, las declaraciones del actual Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, quien desestimó que hayan existido 30.000 mil desaparecidos y el testimonio que actualmente se suma del Intendente de Quilmes Martiniano Molina quien "confundió" el Pozo de Quilmes con un problema de bacheo.

Frente a esto, el contraste que los grandes medios de comunicación esbozan en tapar el sol con la mano, es decir a la invisibilización de esa ola multitudinaria que colmó la Plaza de Mayo y todas sus arterias, al conmemorarse cuarenta años del último golpe, cívico, eclesiástico y militar, el más brutal y sangriento que conoció nuestra historia. No debemos perder el rastro ni por un minuto, las plazas serán la prueba genuina de nuestra democracia. Cientos y miles de personas se movilizaron, se estima que fueron según los organismos de DDHH 300 mil personas. Hay intenciones evidentes de volver a hacer una malversación de esa historia principalmente en querer borrar la complicidad civil de la dictadura proporcionada por empresarios que actualmente gozan de libertad, como también retrotraer esa noción interpretativa de que el Proceso de Reorganización Nacional existió porque hubo dos bandos, dos “demonios” en la sociedad Argentina. El mismísimo Presidente en su discurso junto al Presidente de EEUU pidió porque no haya más “violencia política” como si el terrorismo de Estado, es decir aquel que se ejerce con las facultades gubernamentales como hizo la dictadura, pueda equipararse con grupos guerrilleros que, dicho sea de paso, ya habían sido diezmados por la Triple A, gobierno del cual ellos ya formaban parte. El Proceso encarado por la Junta Militar con asesinatos, torturas y apropiaciones de identidad fueron el propósito para inculcar un modelo económico que trajo consigo una deuda externa exorbitante, modelo económico que hoy se busca efectivizar como también en los noventa se hizo.

Aun así, mientras sigamos con una Plaza que no olvida ni perdona, que es dueña del encuentro para ejercer la memoria de aquellos que no están, los 24 de Marzo y principalmente éste ha sido prueba palpable de una memoria a la cual no se renuncia porque hay una transversalidad juvenil que vivimos, una generación desligada de ese contexto de terrorismo de Estado que nació y respira la democracia, pero que no le resta mérito a lo ocurrido en ese 24 de Marzo de 1976 donde la dictadura cívico militar dio comienzo al inicio de la oscuridad y al fin del día.