Desde REC (Radio Estudiantil Comunitaria) repudiamos las desafortunadas declaraciones del Sr. Ministro de Educación y Deportes Esteban Bullrich quien afirmó: “Esta es la nueva campaña del desierto, pero no con la espada, sino con la educación”.

Pero que quiere decir el Sr. Ministro cuando utiliza la desafortunada metáfora para hablar de la nueva campaña del desierto en el plano educativo.

Quizás para entender de qué se habla deberíamos retrotraernos hacia fines del Siglo XIX para comprender este paralelismo que se hace. Para esto, el ámbito educativo es el mejor espacio para realizar una revisión de nuestra historia y es la Escuela quién puede ayudar a llenar de sentidos esos conceptos. La idea de “desierto” fue utilizada para justificar la masacre de los Pueblos Originarios en el Sur durante la segunda mitad del Siglo XIX. Las tierras estaban “desiertas” para los conquistadores puesto que allí no había seres humanos. Este razonamiento que funcionó como justificación moral de las conquistas eurocéntricas fue rubricado por la historia oficial.

Por aquellos tiempos esa atroz epopeya comenzaba a construir un país para pocos y un Estado que era ocupado por un grupo acomodado de la oligarquía terrateniente. No había CEOS pero si los principales referentes de un modelo económico y político restrictivo a todo aquello denominado “popular”. Este genocidio significo el inicio de una acumulación económica por parte de este sector que se adueñó de aquellas tierras, que poco tenían de desérticas, sino todo lo contrario significó el aumento de tierras sumamente atractivas para el desarrollo del modelo productivo que se impulsaba. Muchas de las familias beneficiadas de esas grandes extensiones hoy tienen a sus descendientes en cargos estatales. Eduardo López y Mariano Denegris mencionan que Esteban José Bullrich Ocampo pertenece a una de aquellas familias que se vieron beneficiadas por la distribución de esas tierras. Es uno de sus descendientes. Para realizar el oxímoron de conquistar un desierto aquellas familias se sirvieron del reciente Estado nacional. Hoy sus herederos siguen abominando el intervencionismo estatal y cambiando al granero del mundo por el supermercado del mundo.

Pero hoy a más de 130 años de la mal llamada Campaña del desierto, ¿de que desierto educativo nos habla el Ministro?, pues justamente fueron en los últimos años en donde la educación paso del desfinanciamiento educativo que llevo montar la carpa blanca en los 90 a la Ley de financiamiento educativo que permitió aumentar el presupuesto para educación que apenas superaba el 3 por ciento del PBI al aumento gradual del porcentaje hasta llegar al 6 por ciento del PBI, meta que se alcanzó en 2010 y que fue superada en años posteriores. Fue sobre el desierto de los 90 que se sancionó la Ley de Educación Nacional que permitió ordenar y organizar un sistema educativo que se había descentralizado, colocando la educación como un bien público y un derecho personal y social garantizado por el estado. Fueron los distintos programas de política socioeducativa que poblaron las Escuelas y buscaron ser un puente entre lo comunitario y lo educativo entendiendo que la confluencia de ambos potenciaba a la escuela. Y por último la incorporación de distintas Universidades en un conurbano despoblado de estas casas de estudios superiores, desde donde por primera vez primeras generaciones de estudiantes venían al nivel superior como algo alcanzable y posible.

Podríamos enumerar muchas más acciones que se realizaron sobre ese desierto educativo que entiende el Ministro que recibió, sin dejar de marcar también aquellas acciones que seguramente faltaron.

Hoy la educación sí se comienza a transitar caminos desérticos nuevamente en el ámbito educativo, se vacían programas y con ellos se despuebla un Ministerio de trabajadores a partir de los innumerables despidos. Se declama como calidad educativa un modo de acción de tipo resultadista que busca posicionar a las diferentes Escuelas en una competencia por la atracción de nuevos clientes educativos. Esta vuelta a un Estado mínimo y a un Ministerio “sin Escuelas”, pues comienza a delegar nuevamente en la provincias la continuidad de diferentes programas que volverán a iniciar la desigualdad educativa que ya hemos atravesados.

En momentos en que los mensajes comunicacionales no son inocentes, desde REC continuamos defendiendo los espacios territoriales robados a quienes de alguna manera desde su historia y su cultura, son parte activa de la historia argentina actual. Por lo cual la reivindicación acrítica por parte del ministro Esteban Bullrich del espíritu de la campaña de Roca y su vínculo con la educación no hace más de seguir abriendo una brecha iniciada hace ya muchos años.