El programa de REC, ¿Qué Ves?, programa magazine realizado por jóvenes estudiantes y ex estudiantes de Creciendo Juntos emitido de 17:00 a 19:00hs el sábado 18/06/16 hizo el siguiente análisis a partir del primer semestre del Macrismo.

El escandaloso caso de José López montado en un espectáculo mediático es el tema más rimbombante que llegado al final del primer semestre nos tendría que hacer pensar en la complejidad de las formas y los significados que toma la política en este escenario de debate permanente de la corrupción. La última pelota y la jugada más peligrosa están en la juventud crecida luego de los noventa.

Que lo de López sea el broche de este primer semestre no nos quita la posibilidad de aclarar que hasta el momento todos los acontecimientos y medidas fueron y son motivos de temores y angustia, sobre todo para los sectores populares, porque la impronta de esta mitad de año benefició a otros sectores que jamás históricamente perdieron pero que ahora están ganando como antes no lo hacían. Varios funcionarios sostienen que el segundo semestre va a repuntar, aunque no hay fecha precisa, advirtió Rogelio Frigerio (Ministro de Interior). De todas formas aunque haya fecha, la ecuación jamás cierra cuando se ponen en marcha políticas económicas que causaron y siguen causando problemas desde el 2008 en Europa y en el mundo.

Como la excepción no hace al Macrismo el segundo semestre no suena para nada esperanzador.

Esta complejidad nos hace pensar el significado y las formas que tomará la política en estos años, nos referimos a la búsqueda de los significados en las calles universitarias y trabajadoras de este semestre y no al mero acto de votar. Implica pensar qué hacemos para que además de construir significados llegasen acciones concretas para que la quietud sea calentura.

La construcción de una supuesta crisis por medio de sinceramientos, túneles oscuros e inconducentes o herencia pesada, sala las heridas en la crisis de representación y sin organizaciones que contengan los reclamos.

El oficialismo al contrario de otros gobiernos no hereda ninguna crisis para contar con una habilitación social y así construir una política de este tipo, es decir, para hacer lo que hace el Macrismo necesita legitimarse socialmente armando mediáticamente una situación de crisis.

Tanto el Alfonsinismo como el Menemismo, salvando las distancias de la sustancia de cada gobierno, provienen de crisis, el radicalismo de una crisis institucional impulsada por la última dictadura. El Menemismo de la hiperinflación del 89´´ que le permite aplicar políticas neoliberales. Incluso el Kirchenerismo que hace inversamente lo contrario en decisiones políticas y económicas del menemismo, recibe un país con una fuerte crisis dejada por la Alianza.

Ahora bien, el Macrismo no hereda ninguna crisis, insisto, por más que la disimulen. Podríamos discutir que hubo fallas y desaciertos pero jamás una crisis. Entonces, en esa teatralidad el gobierno busca legitimarse para lograr un consenso en sus medidas. El gobierno de forma permanente mide su avance, cuando el mismo se dificulte activará a las fuerzas policiales o a la legitimidad. La corrupción en el caso López podemos leerla de esa forma, encontraron en la corrupción que ellos tienen pero disimulan la herramienta de amañar su legitimidad.

El hecho corruptible logra florecer la indignación sobre la política principalmente cuando hay remembranzas históricas de un pasado que condena. Y las opiniones se valentonan más cuando el cometido se hace a costillas del Estado, la presión misma asfixia a una justicia viciada para que actúe.

El delito logra una sensibilidad mayor cuando el que corrompe es el Estado o el sector público, por más que los privados en nuestro país hagan negocios con el Estado. Y más tratándose de las obras públicas. Pero por más que la salpicadura llegue a los privados, el efecto de que sea un funcionario público, tiende a exacerbar más la cuestión. Porque juega en el sentido común de que la guita es de todos y todas. Una aclaración: El sector privado también se expande con los mismos recursos.

Lo de López, una vez más, refuerza los alcances que puede tener la circulación informativa en nuestro país y lo que puede llegar a pasar, más cuando está concentrada. Cabe destacar cómo las cuestiones de tamaño en estas instancias se ponen en juego.

Uno no se rehúsa a que una construcción mediática puede ser mejor y más sana, algo que no ocurre aún.

Lo que jode y va sin vueltas, es que robar está mal. Tanto en lo privado como en lo público. Pero ocurre que en política, como escribió Martín Granovsky “hay momentos en que además de un acto que va contra la ética y contra el Código Penal, robarse el dinero público puede ser un acto suicida.

Políticamente suicida. Más aún para fuerzas que invocan la defensa de los intereses populares y que gobernaron mediante la extensión de derechos sociales y no a través de su restricción” [1].

Fue tan efectiva la instalación mediática que mientras se hablaba de López, se aprobaron un paquete de Leyes en Diputados y Senadores que pasaron desapercibidos. Entre uno de ellos el nombramiento de dos nuevos magistrados que ahora serán miembros de la Corte Suprema Rosatti y Rosenkrantz.

Horacio Rosatti es colega de Lorenzetti (actual presidente de la Corte) y Carlos Rosenkrantz es ex-administrador de varios negocios del Grupo Clarín. La mediatización de López ocultó la llegada de estos nuevos magistrados que le darán oxígeno al Macrismo cuando lo necesite, recordemos que el Poder Judicial es el único que no está determinado por el voto, es decir, una vez que se está en la Corte podés quedarte ahí como socio vitalicio.

El “yo te doy…vos me das” en la designación de Rosatti y Rosenkrantz limitó al Congreso. Las decisiones políticas del Macrismo hoy quedaron supeditadas al aval de la Corte Suprema y en estos cuatro años lo que el Senado no preste al Macrismo la Corte Suprema se lo dará.

La vedette de la corrupción que aparece en la pasarela acentúa esta crisis partidaria por causa y efecto de la desmovilización, de la despolitización, ambos términos de un pasado fresco. La operación mediática que a veces se utilizó mintiendo puede llevar a que en nuestros labios la política vuelva a ser lo impuro, el terreno del chantaje.

Para quienes pertenecemos a una generación que no se moldeó en el calor de la brasas de los noventa, como es este caso, reafirmamos que los políticos ni los funcionarios hacen meramente a la política. Y que la corrupción busca desprestigiar la única herramienta de transformación social ciudadana a nuestro alcance. Volver a entender lo político estrechamente ligado a lo corruptible, es retroceder varios casilleros y que el árbol, en definitiva, nos tape el bosque del arte de transformar lo imposible en posibilidades.

Es necesario que las movilizaciones en las calles construyan una organización o una hegemonía, que logre en definitiva la consistencia de algo más firme dando cuenta de las necesidades que empujan en no resignar más derechos porque por el contrario, si eso no ocurriese la contratara es volver a permitir que en los labios se vuelva a susurrar a la política como lo frívolo, como la inmundicia.

[1]”Robar está mal y es suicida”, Martín Granovsky en Página/12.